¿Alguna vez te ha pasado que tu cuerpo está reaccionando de manera automática frente a una situación en la que no hay peligro aparente? En estos casos, la parte más racional pierde la batalla frente a una parte más primaria que está reaccionando para protegernos.
¿Qué es la Teoría Polivagal?
La Teoría Polivagal fue desarrollada por Stephen Porges como una forma de entender cómo el sistema nervioso autónomo (SNA) influye en nuestras emociones, relaciones, y respuesta ante la percepción de peligro o estrés.
Me parece una teoría muy útil para explicar y trabajar con casos de trauma, porque ayuda a entender por qué a pesar de haber situaciones donde sabemos que no hay peligro, nuestro cuerpo reacciona como si lo hubiera.
La teoría habla de tres sistemas de respuesta:
- Sistema vagal – ventral: está relacionado con la conexión interpersonal, la calma, seguridad y la regulación emocional. Además, es la base del apego seguro.
Cuando nos encontramos en este estado nos sentimos presentes, tranquilos, capaces de regular nuestras emociones (no significa que siempre sean emociones agradables), sentimos que podemos pensar con claridad y movernos con relativa seguridad.
- Sistema nervioso simpático: Cuando detectamos algún peligro, se activa en nosotros la movilización, poniendo en marcha bien una reacción de lucha (enfrentarnos al peligro) o de huida (escapar para protegernos). Podemos identificar señales como ansiedad, tensión muscular, estado de alerta, etc.
En sí mismo, este estado no es negativo, ya que tiene la función de protegernos frente al peligro (por ejemplo: Si me están faltando al respeto y respondo desde el enfado para defenderme y marcar un límite). El problema aparece cuando se activa con mucha frecuencia o en situaciones donde no hay amenaza (por ejemplo: siempre que hablo con otra persona y tenemos opiniones diferentes reacciono como si me estuvieran invalidando y siento la necesidad de defenderme).
Este tipo de respuestas en situaciones donde no hay peligro objetivo pueden estar muy relacionadas con personas que han vivido en hipervigilancia constante, situaciones de estrés crónico, falta de protección por parte de los cuidadores primarios o eventos traumáticos, entre otros.
- Sistema vagal – dorsal: si la amenaza que estamos percibiendo es tal que no existe o percibimos que no hay escapatoria, nuestro cuerpo reacciona desde la inmovilización y el colapso (no hay nada que pueda hacer para protegerme, así que me paralizo).
Algunas reacciones o sensaciones que se relacionan con este tipo de respuestas son: desconexión emocional, disociación, parálisis, sensación de vacío, cansancio extremo, sensación de estar “apagado”, desregulación emocional.
En lo referido al trauma, este tipo de reacción se da cuando el evento es muy impactante, no hay escapatoria o es tan prolongado en el tiempo que no podemos hacer nada para cambiarlo. En esos momentos, dejamos de reaccionar a pesar de que la situación nos dañe.
¿Cómo se relaciona esto con el trauma?
Las personas estamos evaluando constantemente nuestro entorno para ver si es seguro o no, de manera que podamos elaborar una respuesta adecuada a la situación. Esto explicaría por qué reaccionamos ante situaciones que aparentemente no son peligrosas, estamos haciendo una lectura entre líneas de las situaciones. Esta lectura se hace en base a nuestras experiencias pasadas, creencias sobre nosotros, sobre las relaciones y sobre cómo es el mundo.
Cuando hemos sufrido un evento traumático, ese sistema de creencias se modifica y aprendemos a reaccionar en base a esa herida. Por ejemplo: si en la infancia sufrí bullying, puede que ahora al conocer a una persona, desconfíe y me mantenga alerta por si en algún momento me hace daño, a pesar de que esa persona se esté mostrando amable conmigo.
¿Cómo trabajamos en terapia esta activación?
El objetivo no es forzar volver a la calma, sino ayudar al sistema nervioso a recuperar la sensación de seguridad.
Una de las cosas que necesitamos trabajar es aprender a detectar las señales que indiquen que nos estamos activando, así como el tipo de activación que estamos sintiendo. A continuación te dejo un esquema con algunos ejemplos:

Una vez identificadas, necesitamos aprender a regular esa activación a nivel corporal. Esto se lleva a cabo con ejercicios de regulación emocional, atención plena, etc (dependiendo del tipo de caso y de la sintomatología se trabajarán unos ejercicios u otros porque no todos nos vamos a calmar de la misma manera y a veces hay ejercicios que nos sobreactivan más dependiendo de la experiencia traumática vivida).
Trabajar la activación nos va a ayudar a ir ampliando los estímulos que nos no peligrosos, de manera que generamos una mayor sensación de seguridad y más prolongada en el tiempo.
